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Las fortalezas

  • La revolución digital ejerce tres tipos de efectos sobre el trabajo: individualiza, lo hace dependiente de sistemas técnicos y elimina la frontera entre espacio personal y espacio profesional.
  • El volumen de empleo global disponible en una economía digital sigue siendo una cuestión abierta. La robotización y la inteligencia artificial parecen destruir ciertos empleos pero también precisar otros cuyo contenido y perfiles son aún imprecisos.
  • Se plantea la hipótesis de una polarización del mercado de trabajo entre, por un lado, los oficios de fuerte valor añadido de lo digital y, por el otro, el trabajo precarizado (bad jobs, microjobbing). Esta evolución tendría lugar en detrimento de la clase media y de las profesiones llamadas «intermedias».

1 Las transformaciones actuales del trabajo son objeto de una atención y de una investigación considerables. Según algunos autores, la revolución tecnológica y organizacional que estamos viviendo tendrá consecuencias positivas en la sociedad al liberar capacidades de producciones individuales inéditas y ofrecer más opciones de actividades a los trabajadores. Para otros, por el contrario, es presagio de una organización del trabajo gestionada a partir de plataformas digitales anónimas cuyo uso alienará a buena parte de las libertades de autoorganización de los individuos. La transformación tecnológica actual permite presagiar para unos una sociedad más libre y, para otros, una nueva forma de sociedad colectivizada.

2 Mi intención no es zanjar el debate actual sino que trataré de presentar los elementos a veces contradictorios que permiten hacerse una opinión sobre las transformaciones del trabajo en una economía digitalizada. Tras describir qué se entiende por economía digital (1), presentaré las principales transformaciones actuales distinguiendo las que afectan a la organización del trabajo (2), y las que tienen un impacto en el nivel de empleo (3).

¿Qué significa la revolución digital?

3 Aunque el término digital lo encontramos en todas partes no es habitual encontrar una definición sintética. La economía digital es a la vez una técnica, una organización de la producción y una cultura. La técnica permite la codificación binaria sistemática de cualquier tipo de información; la organización de la producción se basa en dos tecnologías: el computador, es decir, el tratamiento ultrarrápido de la información codificada e internet, su transporte casi instantáneo a coste cero. Esta combinación ofrece enormes posibilidades para vincular, acumular en servidores, tratar mediante algoritmos o transmitir a través de redes todo tipo de información de una manera inédita en la historia de la humanidad.

4 Lo digital define también una cultura y una representación totalizadora de la «sociedad digital»: crea nuevos comportamientos a través de una compresión del tiempo de los intercambios que se acerca a la instantaneidad y el cuestionamiento de los actores de confianza tradicionales a favor de las redes sociales. Altera el consumo a través de una economía de mercado generalizada al bajar los costes de transacción y multiplicar las plataformas de evaluación, de ofertas y de fijación de precios para todos los productos como los viajes, la formación, la hostelería o las inversiones financieras.

5 En consecuencia, la producción se transforma. El Boston Consulting Group (Consultoría Boston) distingue nueve innovaciones que definen la revolución digital: la gestión de datos masivos (big data), las nuevas formas de robotización, la simulación, los sistemas de información horizontales y verticales, el internet industrial de las cosas, la ciberseguridad, el almacenamiento externalizado de datos (cloud), la fabricación aditiva (producción mediante capas sucesivas con impresoras 3D), la realidad aumentada (la posibilidad de actuar en un entorno virtual). [1] Lo digital, en el propio centro del sistema productivo, tiende a renovar a fin de cuentas la manera de trabajar.

6 De la abundante literatura sobre este tema destacaría tres tendencias principales: 1) la individualización creciente del trabajo, 2) la creciente dependencia del trabajador del sistema técnico y 3) la reducción de las fronteras entre los espacios privados y los espacios profesionales.

La individualización del trabajo

7 El capital tecnológico permite individualizar y autonomizar cada vez más el trabajo humano gracias al acceso a masas de información considerables. Jeremy Rifkin [2] considera que estamos asistiendo a la revolución más importante desde que empezó el capitalismo porque el capital técnico necesario para la creación de riqueza —resultante ahora del tratamiento de la información, del establecimiento de relaciones y del desarrollo de procesos colaborativos— está al alcance de cualquier persona que disponga de un simple ordenador portátil y un teléfono inteligente, es decir, el 87 por ciento de la población francesa, por ejemplo. El recurso a plataformas de intermediación disminuye los costes de transacción para acceder a los clientes. Cada uno puede así vender fácilmente sus servicios, desde el reparto a domicilio hasta la consultoría. La creatividad individual podría de este modo verse liberada gracias a un aumento de la autonomía en la organización del trabajo: se trata, en su forma más elemental, del simple teletrabajo. En un grado sutil, se observa una individualización creciente de la producción tanto en asalariados como en autónomos. Llevado al extremo, hablamos de plataformas de trabajo que permiten que millares de personas pagadas a destajo realicen microtrabajos puntuales (crowdworking), como el Mechanical Turk implementado por Amazon. [3]

8 La conexión entre la oferta y la demanda se ha hecho así más fluida por lo digital haciendo posible que los individuos ofrezcan servicios nuevos: así, el 46 por ciento de las empresas creadas en Francia en 2016 estaban relacionadas con el reparto a domicilio, el transporte de corta distancia y las actividades de consultoría. [4] Sin embargo, la digitalización no conduce a la explosión del trabajo autónomo: la tasa de autónomos es del 11 por ciento en Francia en 2016 frente al 20 por ciento en 1980. Si bien asistimos desde 2010 a un ligero ascenso en Estados Unidos, así como en todos los países desarrollados, no se trata de una transformación radical como se había anunciado con tanto bombo y tanta inconsistencia fáctica. El trabajo asalariado sigue y seguirá siendo durante mucho tiempo la forma dominante de contratación del trabajo profesional.

La dependencia creciente del sistema técnico

9 La nueva autonomía individual de los trabajadores, tanto si se trata de una empresa como si son «autónomos», está controlada por el sistema técnico que la hace posible. Aunque el trabajo sea individual, su coordinación siempre se lleva a cabo mediante plataformas informáticas. Estas aseguran la intermediación, enmarcan las tareas individuales y gestionan también el contenido de las actividades autónomas: el control y el uso del algoritmo que permite esta coordinación es decisivo para la libertad efectiva de los que utilizan dichas plataformas.

10 Existe, por lo tanto, una ambivalencia entre la flexibilidad de trabajo que permite el uso de la plataforma y la dependencia de los ritmos y el sentido definido por el algoritmo de la plataforma. El neologismo uberización ha popularizado esta ambivalencia: recurrir a la empresa Uber permitió a miles de conductores VTC encontrar una actividad «independiente». Sin embargo, la extrema dependencia que estos últimos tienen de las condiciones de precio y ritmo de trabajo impuestas por la plataforma californiana hace el ejercicio de la actividad precario e incluso alienante.

La eliminación de las fronteras entre espacios privados y profesionales

11 El trabajo digitalizado obedece a la lógica de la producción en flujo global y continuo. Actualmente resulta posible conectarse en todas partes y en cualquier momento a las redes que permiten realizar actividades remuneradas, tanto si son salariales como si no lo son. El trabajo digitalizado confunde los espacios hasta ahora fácilmente distinguibles entre actividades no profesionales y actividades profesionales. Por actividad no profesional se consideraba hasta hoy en día el trabajo doméstico, asociativo y colaborativo; en la actividad profesional se distinguía entre trabajo autónomo y trabajo asalariado.

12 La digitalización altera estas distinciones. En primer lugar en las empresas: el 20 por ciento de los asalariados con contrato indefinido trabajan con horarios flexibles y variables, el 30 por ciento acaban trabajando el domingo, el 10 por ciento tienen horarios a la carta y el 17 por ciento recurren al teletrabajo.

13 Estas transformaciones del ritmo y del tiempo de trabajo modifican también la relación de subordinación clásica. Las jerarquías estaban basadas hasta ahora en la distribución de las competencias y, por lo tanto, el manejo de la información era ejercido por quien tenía el poder de decisión. Ahora bien, esta distinción entre quien sabe y quien no sabe queda devaluada en un mundo de información abierta e instantánea y en organizaciones que tratan de promover la innovación abriendo precisamente a todos el acceso a la información. En las organizaciones, los asalariados se sienten menos partícipes de un proyecto que de un espacio que les permite (o no) su realización personal. [5] Esta metamorfosis de la relación jerárquica es muy discutida en el mundo de los recursos humanos, concretamente en relación con una supuesta «generación Y» de jóvenes trabajadores reticentes a las antiguas jerarquías y que serán los mánagers de mañana.

14 La revolución digital tiene consecuencias aún más evidentes en la evolución del trabajo no profesional. El uso de las plataformas permite cada vez más el trabajo colaborativo y asociativo: así es como se ha constituido, por ejemplo, la enciclopedia más grande de la historia (Wikipedia) en menos de diez años y gracias a millones de internautas que trabajan de forma gratuita compartiendo sus conocimientos en cantidad de ámbitos distintos. Las numerosas actividades que permiten los recursos en código abierto, es decir, realizados y utilizados gratuitamente por miles de voluntarios, compiten con las actividades «profesionales» clásicas: es el caso de los programas libres (Linux, Mozilla, Apache) o las producciones de música o de películas cuya industria ha sido totalmente reajustada para tener en cuenta la cantidad ya incontrolable de intercambio de servicios gratuitos entre clientes. Las actividades voluntarias compiten directamente con las actividades mercantiles.

15 A la inversa, asistimos a una mercantilización del trabajo que antes era voluntario. Algunos servicios permiten obtener remuneraciones marginales recurriendo a plataformas consideradas del capital. Estas proponen valorizar bienes como un coche o un apartamento, pudiendo ser alquilados de manera puntual a terceros para un trayecto (Blablacar) o una noche (Airbnb). Lo que antes era gratuito, como recoger a un autoestopista o recibir a un huésped en nuestra «habitación de invitados», permite ahora la posibilidad de una actividad secundaria remunerada. La frontera entre el tiempo doméstico y el tiempo profesional se hace borrosa. Esto supone, cabe decir, un retorno a prácticas preindustriales. Durante milenios, la distinción entre los espacios privados y profesionales no existía. Fue la aparición de la producción racionalizada en fábricas o en oficinas la que institucionalizó la ruptura entre lo personal y lo profesional en el siglo XIX.

16 La verdadera novedad del fenómeno no reside tanto en la eliminación de la distinción entre vida personal y vida profesional como en la transformación del ritmo de trabajo. Este es ahora definido por el trabajador, pero también está sometido a las restricciones del sistema técnico y organizacional: ejemplo clásico, los flujos de correos electrónicos no se interrumpen y obligan a menudo a trabajar en horas que no elegimos (reuniones en contextos internacionales con diferencias horarias, gestión de la urgencia acelerada por la rapidez en el tratamiento de la información, etc.). Esta tensión es clara entre, por un lado, la demanda creciente del teletrabajo y, por otro, la del derecho a la desconexión.

El trabajo individualizado, entre autonomía y dependencia de la técnica

17 En resumen, asistimos a una doble polarización: por un lado, más autonomía individual, conocimiento especializado abierto y creatividad individual, autoorganización, innovación individual y colectiva, posibilidades de emplear y vender sus capacidades; por el otro, un trabajo cada vez más regulado por las plataformas técnicas que permiten la conexión, la colaboración y el control entre los que trabajan y, por lo tanto, una dependencia creciente de plataformas, tecnologías, redes digitalizadas y, más allá, de los que controlan los algoritmos y sus objetivos. Una representación optimista o pesimista del futuro del trabajo depende de la fuerza de atracción que concedamos a uno u otro de estos dos polos.

18 En ambos casos, sin embargo, podemos concluir que existe una mayor individualización y por ende un cuestionamiento de la dimensión colectiva del trabajo. Es posible así participar ahora en reuniones o proyectos «a distancia», como también enseñar o diagnosticar enfermedades sin encuentro físico al contar con el sistema tecnológico para gestionar los contactos, las evaluaciones, las decisiones a tomar, las tareas a realizar y los ajustes necesarios. Ahora bien, una de las dimensiones esenciales del trabajo es producir comunidades, es decir, una manera de vivir juntos realizándonos a través de proyectos comunes. Hoy por hoy, las «comunidades virtuales» no exigen de sus miembros más que una pertenencia flexible, un corolario más de la supuesta autonomía de los individuos en una sociedad mercantil cada vez más líquida en el sentido de Zygmunt Bauman. [6] Esto supone un elemento a tener en cuenta para el futuro del cuerpo social.

Las evoluciones del empleo

19 El trabajo es organizado y realizado en el marco de empleos profesionales. Saber cómo la economía digital transformará el contenido de estos empleos es objeto de un amplio debate dado que existe una gran incertidumbre. Dicho debate se ve a menudo tergiversado por consideraciones erróneas sobre la «desaparición» del trabajo asalariado cuando no del trabajo en sí mismo. [7] No cabe duda de que en las próximas décadas el empleo asalariado seguirá siendo muy extendido en el mundo desarrollado y progresará en los países en desarrollo. No hay que esperar así, en los próximos años, la desaparición del trabajo ni la desaparición del sistema asalariado como forma de empleo dominante. Algo muy distinto es el impacto de la digitalización sobre el nivel de empleo, es decir, del número de asalariados o autónomos (o el tiempo de trabajo remunerado). Sobre esta cuestión, no hay acuerdo entre los economistas. [8] Un estudio mundial llevado a cabo en 2014 con dos mil expertos mundiales mostraba que la mitad de los interrogados consideraba que la inteligencia artificial y la robotización destruirían empleos netos, la otra mitad consideraba que los empleos que se destruirían en un lado serían creados en otro. [9]

Hacia una recomposición de los oficios

20 El tema es polémico porque se produce una interacción de dos fenómenos tecnológicos —la robotización y la inteligencia artificial— sin que podamos deducir los efectos que estos tienen sobre los empleos a partir de experiencias similares en el pasado. El estudio de Daron Acemoglu del Massachusetts Institute of Technology (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y Pascual Restrepo de la Boston University (Universidad de Boston) muestra que entre 1993 y 2010 un solo robot reemplazaba una media de 5,6 empleados y el impacto de un robot en 1000 asalariados reduce el empleo en un 0,34 por ciento y los salarios en un 0,5 por ciento. [10] ¿Aumentarán las nuevas generaciones de robots este impacto? El estudio de Carl Benedikt Frey y Michael Osborne, ambos profesores en Oxford, sobre más de 700 profesiones considera que, en los próximos veinte años, el 47 por ciento de las tareas en estas profesiones se verán afectadas por la automatización en Estados Unidos y el 37 por ciento en Gran Bretaña. [11] En cuanto a la destrucción neta de empleos, Melanie Arntz, Terry Gregory y Ulrich Zierahn han estimado la pérdida en un 9 por ciento en Estados Unidos, un 10 por ciento en el Reino Unido, un 9 por ciento en Francia y un 7 por ciento en Japón. [12] En el caso de Francia, una nota de análisis de France Stratégie matiza estas cifras basándose en el ejemplo del sector bancario y muestra que, en el pasado, las fases de automatización se han visto acompañadas por una recomposición de los oficios. [13]

21 Resulta difícil evaluar cuáles podrían ser las consecuencias de la inteligencia artificial en los oficios con fuertes competencias técnicas. Un equipo de Oxford y de Yale encuestó a 352 científicos expertos en inteligencia artificial para tratar de hacer una estimación de las tendencias. Según sus resultados, las máquinas tendrían rendimientos superiores a los de los humanos en la traducción a partir de 2024 (comparadas con traductores aficionados), la redacción de informes a partir de 2026, la conducción de camiones a partir de 2027, la venta al por menor a partir de 2031 o la cirugía a partir de 2050. [14] Antes los robots reemplazaban a los empleos no cualificados, pero las nuevas capacidades de cálculo y de interpretación computacionales harán obsoletas ciertas competencias consideradas actualmente con un fuerte valor añadido. La robotización afectará considerablemente los trabajos del personal ejecutivo y especializado, sin que sepamos todavía muy bien qué nuevos trabajos surgirán. [15]

Empleos con un contenido aún muy hipotético

22 Debido a la revolución digital, los expertos no podrán ya contentarse con tener un conocimiento teórico o práctico. El conocimiento se vuelve más inclusivo que exclusivo, el experto es quien es capaz de imaginar vínculos creativos entre datos públicos. Para algunos autores, como David J. Deming, este nuevo dato supone la emergencia de trabajos de intermediación y de gestión de redes. [16] Paralelamente, la pericia y el poder pasarían a manos de quienes poseen la capacidad de gestionar rápidamente la información desarrollando algoritmos de procesamiento cada vez más sofisticados.

23 El prestigio del conocimiento (el del docente, el investigador, el político o el médico) quedaría transferido, siendo el contenido del conocimiento menos valioso que la producción de algoritmos que automatizan la interpretación de la información. Estas transformaciones del valor del trabajo especialmente intelectual producirán migraciones en el mercado de trabajo y hacen que se pueda hablar de un «éxodo digital» análogo al «éxodo rural». [17]

24 La transformación del contenido de los empleos con fuerte valor añadido implica una adaptación especialmente rápida de las poblaciones dadas las ganancias exponenciales en productividad de las máquinas. Si hacemos una hipótesis favorable a la «destrucción creadora», se inicia una carrera contrarreloj para hacer emerger nuevos empleos en un contexto de crecimiento débil y de productividad del capital acelerada, lo que implica políticas de formación masiva cuyo contenido sigue siendo aún muy hipotético.

Una pluriactividad creciente

25 Si el empleo asalariado se reduce, el trabajo «no profesional» constituye un filón de ingresos. Un estudio de JP Morgan Chase ha mostrado que el recurso a plataformas de trabajo (del tipo Uber, crowdworking, etc.) genera remuneraciones en sustitución del salario a un nivel del 12 por ciento, mientras que las plataformas de capital (del tipo Airbnb, Blablacar) aumentan los ingresos globales hasta el 15 por ciento. [18] En otras palabras, el trabajo a destajo a través de plataformas reemplaza los ingresos pero el trabajo asociado al alquiler del propio patrimonio los aumenta. Un fenómeno que estimula a los propietarios de capital.

26 La transformación del contenido de los empleos parece conducir así a una creciente pluriactividad que asocia los ingresos de compensación a una precarización mayor según las posibilidades que ofrece el mercado de trabajo. Los países cuya tasa de desempleo es baja tienen también una tasa de trabajadores a tiempo parcial elevada: una comparación entre Francia y Alemania muestra así una tasa de desempleo del 10,5 por ciento en el caso de Francia frente al 4,8 por ciento en Alemania; ahora bien, la tasa de empleo a tiempo parcial es del 18 por ciento en Francia frente al 26 por ciento en Alemania donde entre 1999 y 2011 «la creación de empleo a tiempo parcial representó la totalidad de la creación de empleo». [19]

Un fuerte impacto en la clase media

27 Si hasta hace poco la pobreza estaba asociada a la falta de empleo, hoy afecta tanto a los trabajadores como a las personas sin empleo. Hemos visto emerger el fenómeno del «trabajador pobre» (working poors). En un estudio internacional, David Brady, Andrew S. Fullerton y Jennifer Moren Cross demostraron que en Gran Bretaña, de las personas o familias por debajo del umbral de pobreza, un 30 por ciento tenían empleo, y esta cifra ascendía a un 50 por ciento en Alemania y Francia y un 65 por ciento en Estados Unidos. [20]

28 Una consecuencia ampliamente discutida de la transformación del mercado de trabajo tiene que ver con la evolución de las clases medias. Desde hace dos siglos, el crecimiento económico se ha basado siempre en la generalización de una clase media. La distribución de la renta en la población de los países desarrollados ha beneficiado de una amplia mayoría de rentas medias en un intervalo de 1 a 4: así, en Francia, un 95 por ciento de la población recibe un ingreso comprendido entre 900 y 3100 euros mensuales, con un ingreso medio de 1772 euros en 2014. [21]

29 Ahora bien, para muchos observadores, las transformaciones del trabajo tienden a degradar la situación económica de las categorías intermedias y de las clases medias. En Estados Unidos, asistimos a un fuerte crecimiento de las rentas más altas y a un estancamiento de las rentas de las categorías de ingresos medios y bajos. [22] Según el principio del winner take all society (todo para el vencedor), [23] los empleos hipercualificados, concretamente en el ámbito de lo digital, acaparan la mayor parte del crecimiento de los ingresos salariales. Si esta tendencia se confirmara, las transformaciones del mercado de trabajo se traducirían en un reparto desigual de las ganancias del crecimiento económico, del mismo tipo que la que se experimentó en los años 1990-2000 bajo el efecto de la sobrevaloración de los trabajos asociados a las finanzas.

Perspectivas económicas y desafíos sociales

30 Las transformaciones sociales tecnológicas actuales en torno al trabajo hacen emerger algo más que una nueva economía: es la sociedad en su totalidad la que se ve modificada por el sistema técnico digital y las transformaciones del trabajo que implica. En resumen, esta nueva economía se caracteriza por 1) una organización del sistema productivo basado a la vez en grandes plataformas centralizadas y en una descentralización del uso de los medios de producción hasta el nivel del individuo, 2) una tendencia paralela a una individualización muy fuerte del trabajo en el marco de un sistema tecnológico restrictivo, 3) una mutación de los trabajos remunerados que se traduce en la desaparición de algunos de ellos y en la aparición de nuevos sin que el saldo de estas transferencias sea aún previsible, 4) una transformación de las formas de remuneración del trabajo en todas sus formas hacia una mayor contratación individualizada e ingresos marginales.

31 Estas evoluciones afectarán en particular a la clase media cuya ascensión, en los últimos decenios, se ha basado en trabajos cualificados. Asistiremos probablemente a una modificación de los equilibrios sociales actuales, con un descenso de categoría social de una parte importante de la población de empleados y de directivos.

32 Asistimos de forma generalizada a una extensión de la esfera del mercado y a una «mercantilización» creciente de las actividades laborales. La oposición entre Estado y mercado que era clara en los años ochenta ha cedido el lugar a una oposición entre una economía en la cual el sistema técnico está al servicio del ser humano (descentralización de las tecnologías, iniciativas locales crecientes gracias al trabajo colaborativo, espacios en código abierto que permiten iniciativas privadas con pocos costes iniciales), o bien el ser humano es uno de los factores de producción de un sistema técnico generalizado (dominación de plataformas globales, centralización de la gestión de los big data y de las tecnologías de procesamiento de datos masivos gracias a la inteligencia artificial).

33 En consecuencia, lo que está en juego no es únicamente económico y social, es también societal. La economía digital cambia las relaciones sociales. Las perspectivas abiertas por el control de los datos privados, la superpotencia de algunas grandes empresas de tamaño mundial o el papel de los robots y de las redes de masa en la definición de las relaciones humanas son signos de un cambio civilizatorio cuyo anclaje más notorio es la metamorfosis de nuestra manera de trabajar.

Notes

  • [1]
    Michael Rüßmann et al., “Industry 4.0: The Future of Productivity and Growth in Manufacturing Industries”, Boston Consulting Group, 9 de abril de 2015. https://www.bcg.com/publications/2015/engineered_products_project_business_industry_4_future_productivity_ growth_manufacturing_industries.
  • [2]
    Jeremy Rifkin, La Tercera Revolución Industrial: Cómo el poder lateral está transformando la energía, la economía y el mundo (Barcelona: Paidós, 2011).
  • [3]
    Amazon Mechanical Turk (AMT) es una plataforma de trabajo abierta en 2005 que vincula a trabajadores independientes y comandatarios para efectuar tareas simples (evaluación, redacción de comentarios, traducciones palabra por palabra, etc.) pagadas en función del tiempo invertido (de media unos 2 dólares por hora). En 2017 había quinientos mil estadounidenses inscritos en AMT, y un 20 por ciento obtenían de la plataforma su ingreso principal (fuente: www.mturk.com/mturk).
  • [4]
    Félix Bonnetête y Nicolas Bignon, « La création d’entreprises en 2016 », INSEE première 1631 (2017). https://www.insee.fr/fr/statistiques/2562977.
  • [5]
    Denis Pennel, Travailler pour soi. Quel avenir pour le travail à l’heure de la révolution individualiste ? (París: Seuil, 2013).
  • [6]
    Zygmunt Bauman, Modernidad líquida (México: FCE, 2002).
  • [7]
    Jeremy Rifkin, El fin del trabajo: Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo. El nacimiento de una nueva era (Barcelona: Paidós, 2000).
  • [8]
    Para conocer el debate en curso véase entre otros Daniel Cohen, Le Monde est clos et le désir infini (París: Albin Michel, 2015) y Bernard Stiegler, L’emploi est mort, vive le travail! Entretien avec Ariel Kyrou (París: Les Mille et une nuit, 2015).
  • [9]
    Aaron Smith y Janna Anderson, “AI, Robotics, and the Future of Jobs”, Pew Research Center, 6 de agosto de 2014. https://www.pewresearch.org/internet/2014/08/06/future-of-jobs/.
  • [10]
    Daron Acemoglu y Pascual Restrepo, “Robots and Jobs: Evidence from US Labor Markets”, Journal of Political Economy 128, n°6 (2020): 2188–2244. https://doi.org/10.1086/705716.
  • [11]
    Carl Benedikt Frey y Michael Osborne, “The Future of Employment: How Susceptible Are Jobs to Computerisation?”, The Oxford Martin Programme on Technology and Employment, 17 de septiembre de 2013.
  • [12]
    Melanie Arntz, Terry Gregory y Ulrich Zierahn, “The Risk of Automation for Jobs in OECD Countries: A Comparative Analysis”, OECD Social, Employment and Migration, Working Papers n° 189 (2016). doi:10.1787/5jlz9h56dvq7-enOECD.
  • [13]
    Nicolas Le Ru, « L’effet de l’automatisation sur l’emploi: ce qu’on sait et ce qu’on ignore », France Stratégie, note d’analyse 49, 19 de julio de 2016.
  • [14]
    Grace Katja et al., “When Will AI Exceed Human Performance? Evidence from AI Experts”, mayo de 2018. https://arxiv.org/abs/1705.08807
  • [15]
    Roland Berger Strategy Consultants, « Les classes moyennes face à la transformation digitale. Comment anticiper ? Comment accompagner ? », Think Act, octubre de 2014. El controvertido estudio de Richard L. Florida popularizó la idea de que estos nuevos trabajos tendrían que ver con la creación artística y la innovación intelectual. Richard L. Florida, The rise of the creative class: and how it’s transforming work, leisure, community and everyday life (Nueva York: Basic Books, 2002).
  • [16]
    David J. Deming, “The Growing Importance of Social Skills in the Labor Market”, National Bureau of Economic Research, Working Paper n° 21473, agosto de 2015. Doi:10.3386/w21473.
  • [17]
    Sobre esta cuestión véase Pierre-Yves Gomez, Intelligence du travail (París: Desclée de Brouwer, 2016), capítulo 12 y ss.
  • [18]
    JPMorgan Chase Institute, “The Online Platform Economy in 2018: Drivers, Workers, Sellers, and Lessors”, 2018. https://www.jpmorganchase.com/content/dam/jpmc/jpmorgan-chase-and-co/institute/pdf/institute-ope-2018.pdf
  • [19]
    Nicolas Costes, Laurence Rambert y Emmanuel Saillard, « Temps partiel et partage du travail : une comparaison France/Allemagne », Trésor-Eco 141 (2015).
  • [20]
    David Brady, Andrew S. Fullerton y Jennifer Moren Cross, «More Than Just Nickels and Dimes: A Cross-National Analysis of Working Poverty in Affluent Democracies», Social Problems 57, n° 4 (2010): 559-585. doi:10.1525/sp.2010.57.4.559.
  • [21]
    Julie Argouarc’h y Antoine Boiron, « Les niveaux de vie en 2014 », INSEE première 1614 (2016). https://www.insee.fr/fr/statistiques/2121597.
  • [22]
    Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI (México: FCE, 2014).
  • [23]
    Robert H. Frank y Philip Cook, The Winner-Take-All Society: Why the Few at the Top Get So Much More Than the Rest of Us (Nueva York: The Free Press, 1995).
Español

La economía digital suscita las especulaciones más diversas: lo mismo se anuncia el fin del trabajo y la superación del ser humano por la robotización y la inteligencia artificial, que el fin del trabajo asalariado, la uberización de la economía y la generalización del autoempleo. Frente a estas proyecciones este artículo describe las metamorfosis reales del trabajo tal y como se perciben ya en una economía digital. Muestra cómo la digitalización transforma la manera de trabajar generando a la vez más autonomía pero también restricciones y controles tecnológicos. Hace un balance de los conocimientos existentes sobre la evolución del empleo y de los salarios en las nuevas formas de trabajo. Explica en concreto que las principales recomposiciones sociales tenderán al debilitamiento de los ingresos salariales de la clase media. E invita finalmente a reflexionar sobre las consecuencias societales de estas transformaciones de nuestra manera de trabajar.

Français

L’économie numérique suscite les spéculations les plus diverses. Parmi celles-ci, on prédit la fin du travail et le dépassement de l’être humain par la robotisation et l’intelligence artificielle ; on annonce de même la fin du salariat, l’ubérisation de l’économie généralisant le travail indépendant pour tous. À l’opposé de ces fan- tasmes, cet article décrit les métamorphoses réelles du travail tel qu’on les perçoit déjà dans une économie numérisée. Il montre comment la numérisation transforme la manière de travailler à la fois vers davantage d’autonomie mais aussi de contraintes et de contrôles technologiques. Il fait le point des connaissances sur l’évolution de l’emploi et des revenus tirés de nouvelles formes de travail. Il montre en particulier que les principales recompositions sociales tiendront à l’affaiblissement des revenus salariaux de la classe moyenne. Il invite à réfléchir sur les conséquences sociétales de ces transformations de notre façon de travailler.

Pierre-Yves Gomez
Pierre-Yves Gomez, economista y doctor en Administración de Empresas, es profesor de estrategia en la escuela de negocios EMLyon Business School. Entre 1998 y 2000 fue profesor invitado y luego investigador asociado en la London Business School. Dirige el Institut Français de Gouvernement des Entreprises (Instituto Francés de Gobierno Corporativo) de la EMLyon Business School desde 2003. Ha originado el desarrollo, en Francia, de la economía de las convenciones aplicada a la gestión. Sus investigaciones versan sobre el lugar de la empresa en la sociedad y en particular sobre la dimensión política de la gestión de las empresas. Ha publicado un gran número de artículos académicos y libros. Entre los más recientes figuran Entrepreneurs and Democracy [Emprendedores y democracia], en coautoría junto a Harry Korine (Cambridge: Cambridge University Press, 2013), Le travail invisible [El trabajo invisible] (París: François Bourin, 2013), Strong managers, strong owners [Mánagers fuertes, propietarios fuertes], en coautoría junto a Harry Korine (Cambridge: Cambridge University Press, 2013), Penser le travail avec Karl Marx [Pensar el trabajo con Karl Marx] (Bruyeres-Le-Chatel: Nouvelle Cité, 2016), Intelligence du travail [Inteligencia del trabajo] (París: Desclée de Brouwer, 2016) y Le Capitalisme [El capitalismo] (París: Presses Universitaires de France, 2022). Participa regularmente en los medios de comunicación y desde 2008 escribe una columna mensual en Le Monde. Ha redactado el Référentiel pour une gouvernance raisonnable des entreprises [Modelo para una gestión razonable de las empresas] y ha participado en la elaboración del código de gestión Middlenext de las empresas que cotizan en bolsa. En 2011 fue elegido presidente de la Société française de Management (Sociedad Francesa de Gestión).
Esta es la última publicación del autor en Cairn.
Subido a Cairn Mundo el 09/03/2022
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